12/4/19

Pan (poco) y futbol

 Copi-pega de aquí.

 


El caso arquetípico del fútbol



Si el fútbol fuera un juego, nada alrededor del mismo podría ser cuestionable. Sería tan sólo un entretenimiento, y nadie sería tan estúpido como para atacar una inocente distracción lúdica. Nada hay de insalubre en la diversión (al contrario),tampoco en el entretenimiento, ni en la distracción. Por nuestra parte, no encontramos nada censurable en que una persona se entretenga con un partido de fútbol; no obstante, el hecho de que millones de personas aparenten elegir el mismo partido de fútbol como único
entretenimiento posible, puede parecer sospechoso. Más sospechoso aún resulta que los noticiarios televisivos y periódicos dediquen al menos un tercio de su tiempo y espacio al fútbol. 



Muchísimo más sospechoso resulta que ciertos partidos de fútbol sean verdaderos "actos oficiales" a los que asisten jefes de
estado, primeros ministros y familias reales. Pero, en verdad, lo que supone ser delatador es comprobar la brutal huella que ha dejado el fútbol en la sociedad moderna, la función que aquel tiene en esta, y la cantidad de energía que moviliza algo en apariencia tan inocente como un juego. He aquí la primera declaración: el fútbol no es un juego. Todo lo aquí expuesto está lejos de ser un juego.
 
La cara oculta del fútbol tampoco es el hecho ya divulgado de que la organización internacional que administra este deporte (La
FIFA) esté carcomida por la corrupción, así como ha denunciado el periodista Andrew Jennings. Tampoco lo es la archiconocida dependencia del fútbol con las grandes multinacionales textiles deportivas que manufacturan sus productos en estados-taller con los que pactan condiciones infrahumanas para sus trabajadores. 

Nada de esto resulta ser el aspecto oculto del fútbol, sólo parte de
su cloaca, bien asumida, bien disimulada, bien perfumada, pero por todos conocida.

Hay una presencia más oscura y más cotidiana del fútbol, y por eso mismo más imperceptible: la función que desempeña el fútbol en la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial, la impactante influencia del fútbol en todos los aspectos de la sociedad moderna, la utilización del fútbol como potente herramienta con la que el massmedia hace su trabajo de control mental e hipnosis de masas.  
Esta importancia del fútbol va más allá de la función del clásico “circenses” para el pueblo o, al menos, nunca antes ninguna fuerza imperial dispuso de los potentísimos medios de los que se sirve este moderno colisseo global. Todos los grandes grupos de massmedia tienen dos prensas especializadas que nunca faltan como periódicos de tirada regular: el económico y el deportivo. Si este gran grupo es europeo, ya sabemos a lo que dedica más de un tercio de su trabajo: ¡a informar sobre fútbol! Por supuesto, nada de esto es casual, ni es fruto de un noble amor por el deporte.
 
Función 1: A través del fútbol, se fijan e imponen los modelos filosóficos, comportamentales, estéticos (e incluso, de pura peluquería) que aspiran a ser aplicables a todas las razas, condiciones y edades de la nueva sociedad moderna.  

Así, el futbolista de élite se presenta como un moderno Aquiles de plástico y gomina, un héroe vaciado de heroísmo que se convierte en un mero maniquí del perfecto triunfador global, una deidad invertida llevada al panteón publicitario de la moda pasajera.   



El primer ejemplo triunfante de este completo modelo global fue David Beckham; tras este triunfo,le siguieron muchos otros como Freddie Ljungberg, Thierry Henry o Cristiano Ronaldo, todas figuras perfiladas en la Barclays Premier League inglesa.
En los países más pobres el modelo del futbolista se convierte en la única oportunidad de "integración social" para millones de niños y adolescentes. Poco importa el hecho de que esta oportunidad
sea una ilusión, y que sólo un porcentaje residual tenga acceso a una mínima profesionalidad como futbolista.
Este es el único sueño impuesto a chavales de la África rural, el extrarradio porteño o la favela brasileña. Su situación desesperada de acorralamiento hace que se depositen todas las energías en la única vía de escape concebible. En esta situación, es donde la FIFA, a través de su proyecto “Goal”, trabaja en enternecedoras campañas filantrópicas en las que se regalan a las poblaciones más pobres, pelotitas de fútbol y camisetas firmadas por el astro de turno.

Se trata de imponer una única vía de supervivencia: una vía que saca de una miseria para llevar a otra miseria diferente, una vía que permite pasar de la desnutrición a las mansiones grotescas, los coches deportivos de lujo, y la prostitución de alto standing. Se entenderá fácilmente que todo este entramado sólo genera (a unos y a otros,tanto al individuo como socialmente) un único sentimiento: frustración.  

Función 2.- Otra función que el fútbol desempeña, esta con respecto al aficionado, es una bien reconocible: la canalización de la tensión nerviosa hacia una actividad estéril. Así, a través de los medios de comunicación, todo el descontento, la insatisfacción y la rebeldía que podrían motivar un cuestionamiento crítico por parte del individuo, van destinados a la afición futbolística. Se entenderá así porqué los más fervientes aficionados al fútbol son los individuos más alejados de cualquier práctica deportiva. La energía destructiva generada en el individuo por la vida moderna, es condensada en "noventa minutos de odio". Durante ese tiempo, el pacífico ciudadano puede insultar, juzgar, reclamar, patalear y criticar a su antojo, siempre dentro del contexto ad hoc: el fútbol.
 
Función 3: La afición al fútbol de clubes, el pertenecer a un equipo, el "sentir los colores" supone ser un ejercicio devocional cuanto menos curioso: se trata de apoyar sentimentalmente a un colectivo sin ideología, sin ninguna base de cohesión intelectual, sin ninguna identidad natural, que no representa ya a ninguna raza, pueblo o ciudad, que no está unido por valor común alguno.  

Sólo tienen una única finalidad bien explícita: la victoria consistente en superar al rival en un parcial numérico. Esa es la tercera función que desempeña el fútbol en el Nuevo Orden Mundial: entrenar a la población en el fervor descerebrado, en la devoción mística del cordero, en la lealtad del rebaño, es decir, en el fanatismo corporativista.
Les habrá que se pregunten por qué precisamente es el fútbol el deporte escogido y no otro. Si existe una respuesta adecuada a esa pregunta, estará en la estructura y el origen mismo del fútbol, que -como todo el mundo sabe- es inglés. Es indudable que la expansión del fútbol está estrechamente relacionada con el imperialismo británico, y nadie puede negar que el fútbol es el deporte más popular, como la lengua inglesa es la lengua más hablada o la música pop el folclore más bailado.  

El equipo de fútbol original estaría formado por 13 (12+1) miembros, siendo este 13 (descompuesto en 12+1) un simbolismo harto abusado por las logias francmasonas inglesas del siglo XIX. El simbolismo del número 13, ilustrado con la figura
cristiana de “los doce apóstoles y el Mesías”, estaría en toda la estructura, ritualística y gradación del Rito Escocés.
El fútbol ha llegado a ser hoy en día: una poderosa herramienta de control mental al servicio de los arquitectos globales, un péndulo de hipnosis de masas en manos del massmedia, una plataforma de manipulación social nunca antes conocida.

3 comentarios:

  1. Como dijo un escritor colombiano "El fútbol es otra forma de imbecilizar a Colombia. Un país pendiente de unos tarados que le dan patadas a un balón y que ganan fortunas... cambia Colombia por España pero da lo mismo. Efectivamente forma parte del ocio, espectáculo basura para dominar a las masas drogadas, idiotizadas, narcotizadas... Un asco
    Salud!

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  2. Otra función fundamental es lavado de dinero, sin el cual el futbol simplemente no sobreviviría. Aunque sin duda alguna la función más terrible es la última. No solo la creencia ciega en unos valores totalmente superficiales, sino el lavado de cerebro integral hasta llegar a matar o suicidarse por ellos. Normal que el fungol sea un nido de fascistas.
    Salud!

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