Desde hace mucho, un poder que gobierna el mundo, actua con total impunidad ante la pasibidad de estados y gobiernos supuestamente soberanos. Todos acatan sumisos los dictámenes provenientes, no de la potencia dominante sino de multinacionales y organizaciones mundiales dependientes en la práctica de estas.
El ejemplo sangrante lo estamos sufriendo más de la mitad de la población mundial, que en mayor o menor medida sufre, en esta ocasión, las directrices de la organización mundial de la salud. A través del miedo impuesto por los medios de desinformación e intoxicación masivos, se nos está imponiendo un Nuevo Orden Mundial, con un recorte nunca antes imaginado en nuestros derechos y libertades individuales y colectivos. Todo ello conseguido por simple coacción e intimidación y con protestas no demasiado violentas ni nunca multitudinarias, en casi ninguno de los paises afectados. Muy al contrario de esto, encontramos no solo sumisión ciudadana, sino aplausos y cooperación para denunciar cualquier tipo de disidencia, incluso la ideológica.
La OMS (que ha impuesto está última epidemia), ha estado involucrada no hace demasiados años en varios escandalos similares, (puede que a modo de ensayo): la gripe aviar, la gripe porcina, la "epidemia" de evola y en todos casos se demostró que eran fraudes en los que se enriquecieron, sobre todo, empresas privadas que aportan grandes cantidades economicas para mantener la oganización.
Video: Operación pandemia
Así tenemos que a pesar de haberse demostrado que la OMS ha mentido en anteriores ocasiones similares, en las que ha usado el miedo a una epidemia inexistente para favorecer a empresas farmaceuticas privadas que la financian, la población acepta de nuevo las mentiras oficiales alimentadas por los aparatos propagandísticos del estado, que parece estár aprovechando la situación para aplicar medidas que en cualquier otro escenario serían inaceptables por el pueblo. Medidas que repercutirán de modo muy negativo en la economía de la mal llamada clase media, que está condenada a desaparecer.
Vivimos un golpe de estado mundial, algunos países como el nuestro han sido designados para llevarse la peor parte y nuestros gobernantes, lacayos de ese poder lo cumplen sin el menor miramiento. Las medidas contra el pueblo son adoptadas ante la pasibidad e incluso la colaboración del propio pueblo.
La excusa de un enemigo invisible del que solo nos puede defender el mismo estado que nos masacra y nos priva de derechos y libertades, debería ser insostenible a estas alturas y a pesar del miedo que han conseguido instaurar en una población infantilizada y estupidizada por los medios de propaganda del estado, el pueblo debe reaccionar antes de ser totalmente destruído.
Amigas y amigos: ¡nos están exterminando, nos están
enfermando y nos están haciendo unos neo-esclavos!
El gobierno PSOE-Podemos ha impuesto la peor estrategia ante
el coronavirus. Con ella está provocando sobremortalidad, haciéndonos el país
con más fallecidos por cien mil habitantes, aniquilando a nuestros abuelos y sobre-enfermando
a los no contagiados. En otros países europeos está permitido pasear y hacer
deporte, aquí no. Ya no podemos esperar más: tenemos que salir a las calles
todos a una y todos a la vez, en un día y hora determinados por consenso, para
acabar con esta farsa totalitaria y yatrogénica.
En defensa de nuestra salud y nuestra vida, ¡salgamos cuanto
antes a la calle! Tenemos que sacudirnos el miedo irracional que nos inculca la
propaganda gubernamental y liberar las calles, hoy ocupadas por la policía y el
ejército, ganándolas para el individuo y para la comunidad popular.
El actual estado de sitio policial-militar muy poco tiene
que ver con la pandemia. Su meta secreta es instaurar un sistema político y
económico similar al de China, con control total de la población, represión sangrienta
de las libertades y “desaparición” de disidentes. En dos o tres años espera el
gobierno español de izquierda haber culminado la transición desde el
parlamentarismo a un sistema fascista de nuevo tipo similar al de China. Bajo
él tendrán cabida todos los excesos, todas las injusticias, todas las miserias
materiales, todas las formas de criminalidad estatal y terrorismo de Estado, todas
las expresiones de deshumanización. Porque el actual golpe de Estado es,
simplemente, un paso más hacia un régimen neo-franquista de izquierdas.
En defensa de la libertad y de las libertades, para no
convertirnos en siervos del Estado y esclavos de la gran empresa transnacional,
¡lancémonos ya a liberar las calles, a ganarlas para el pueblo!
La libertad no es el problema sino la solución. El
totalitarismo liberticida no es la solución sino el problema. El gobierno, al
negar esto en su obrar se manifiesta discípulo de Franco.
Para que tengamos que bajar aún más la cerviz ante el
Estado, el gobierno está destrozando la economía, dispuesto a todo para
sepultarnos en la pobreza generalizada, incluso está dispuesto a llegar a los 8
millones de parados, arruinando a medio millón de empresas familiares, trabajadores
autónomos y pequeños negocios. Para sobornarnos y hacernos tragar con tanta
maldad, su ala “social”-falangista se dispone a otorgarnos una nueva dádiva
envenenada, la renta básica descafeinada. ¡No! Queremos trabajo, no limosnas
estatales que nos privan de libertad y de dignidad haciéndonos además
pedigüeños perpetuos y mendigo para siempre.
¿Quién dirige toda esto? El vicepresidente del gobierno y
preboste de facto del CNI (Centro Nacional de Inteligencia, la CIA española),
Pablo Iglesias. Él, marxista-fascista, regenta la transición desde el parlamentarismo
a un régimen marxista-fascista como el chino. Él dirige la represión de las
libertades de circulación, expresión y reunión, siendo el responsable de
nuestra sobremortalidad por el covid-19, que nos pone en ridículo en el mundo.
Él es responsable primero de que la multinacional yanki Amazon haya censurado mi
libro “Sé el mejor médico de ti mismo.
Yatrogenia, coronavirus y pandemias”[1]. Él ordena a sus
siervas feminazis que increpen desde los balcones a quienes burlan el
confinamiento, haciendo de ellas un grupo parapolicial, de chivatas y
confidentes, que vigilan y agreden a sus vecinos, que telefonean a la policía.
Así pues, Podemos es ya abiertamente un partido de parapolicías y chivatos
fascistas, en particular sus afiliadas.
En varios países las calles comienzan a hervir de
indignación y movilizaciones contra la farsa policial-sanitaria organizada con
el coronavirus como pretexto. En EEUU, Alemania, etc., la gente está saliendo a
las calles y ocupando plazas, ganando la libertad, haciendo retroceder a la
bestia autocrática. Aquí no. Nos hemos convertido en un país de cobardes,
bobitos y colaboracionistas con la represión, de gentecilla lamentable que
aplaude todos los días a las 8 de la tarde al aparato médico-militar que está
exterminando a nuestros mayores. Somos los que más óbitos estamos padeciendo y
al mismo tiempo los más sumisos… ¡Qué vergüenza! Si no hacemos nada ¡nos
merecemos lo que nos pasa y, más aún, lo que nos va a pasar, que será tremendo!
Lo dicho, ¡a la calle ya! Fijemos por consenso popular un
día y una hora y ¡todos a la calle! ¡Por la libertad!, ¡Por nuestra salud y
nuestras vidas!, ¡Por nuestros abuelos y abuelas!, ¡Por nuestro futuro
económico!, ¡Abajo el fascismo de izquierdas y de derechas!
24-4-2020
[1]
Estos canallas llevan 8 años persiguiéndome. El último episodio de ello, hasta
ahora, ha sido unirse con el gran capitalismo transnacional de Amazon para
impedir que mi libro llegue al público. Sé que están muy enfadados conmigo y
que ya planean nuevas atrocidades contra mí, según el modelo chino: hacer
“desaparecer” a quienes les molestan, o sea, raptar, torturar, asesinar e
incinerar en secreto los cuerpos de los disidentes. Si algo “raro” me
sucediese, ellos, los jefes y jefas de Unidas Podemos, son los responsables.
Uno de los objetivos de la paranoia colectiva que sufrimos es eliminar determinadas ideas y conductas, todo aquello que salga de la uniformidad que se pretende imponer en todos los ambitos de nuestra existencia, nuestra "nueva realidad". Poco a poco veremos como religiones y creencias son sustituidas por asepticas doctrinas "científicamente" demostradas y aprobadas por los pertinentes expertos de turno. Los derechos y libertades del ser humano, los de cada uno de nosotros, están siendo pisoteados. Incluso los de aquellos que colaboran en que esto sea posible. Y todo con la complacencia y pasibidad de la mayoría. Como ejemplo pongo el cierre de un canal de yutube, dedicado a difundir todo tipo de creencias espirituales alternativas, no cierran canales de disidencia controlada que ni menciono para no promocionarlos, pero si cierran algo tan aparentemente inocente como esto. Aun así, pocos entenderán que tipo de ataque estamos padeciendo y cuales son las verdaderas intenciones.
Video: Alfredo Alcázar habla sobre el cierre del canal de Mindalia Televisión
Tengamos en cuenta además que la censura, en este caso de videos, se hace por parte de una multinacional, no de un estado o una autoridad judicial: las multinacionales se han apoderado de el derecho de decidir qué debemos ver y qué no.
Aprovecho un copi-pega para volver a recordar que la organización responsable de declarar el estado de guerra a nivel mundial, que muchos países como en nuestro caso, han aprovechado para suprimir la mayoría de derechos individuales y colectivos, está financiada en su mayor parte por fondos privados provenientes de empresas farmacéuticas. Es decir que el conflicto de intereses es sangrante.
En el pasado reciente ya ha provocado numerosos escándalos tanto por su falta de rigor científico como por el afan de lucro de sus promotores, pero todo esto parece que no preocupa a ningún gobierno ni gobernante, al menos mientras puedan sacar tajada, tanto política como económica.
Covid-19: La OMS gestiona la pandemia financiada por farmacéuticas y multimillonarios
Con la crisis sanitaria del Covid-19 estamos
aprendiendo, entre otras muchas cosas, que la sanidad no se puede
descuidar con recortes o privatizaciones. Y ¿qué es de la financiación
de la mayor institución sanitaria del planeta, la Organización Mundial de la Salud
(OMS)? ¿De dónde o quién proviene el dinero que permite su
funcionamiento? No hace falta recordar que la OMS es quien está tomando
todas las decisiones sobre la pandemia actual de coronavirus (desde la catalogación como pandemia a las medidas que han de tomar todos los estados).Escribámoslo ya, desde el principio, la mayor parte de su financiación corre a cargo hoy de la industria farmacéutica, sobre todo de fabricantes de vacunas y de donantes privados. El que más aporta de estos últimos con mucha diferencia es Bill Gates, el dueño de la multinacional de la informática Microsoft, a través de la Fundación Bill & Melinda Gates que comparte con su mujer. El magnate de la comunicaciones fue quien más aportó en 2015: 185 millones de dólares; 95 veces más que España. Ríete tú Amancio Ortega. No es nuevo, lo publicó hace unos años la Cadena SER,
la tabla de abajo está elaborada con datos de la propia OMS y en ella
pueden verse qué farmacéuticas financian la institución (¿pública?)
global: En teoría, para pagar los gastos de la OMS los casi 200 estados que la
componen han de poner una cuota fija en función de su nivel económico.
Esa dotación obligatoria se ha ido reduciendo con el tiempo y ya es sólo
una pequeña parte del presupuesto de la institución. Los «recortes sanitarios»,
como vemos han ido llegando no sólo a los sistemas sanitarios de los
países, como España, sino a la mayor organización sanitaria «pública»
del mundo, que hace tiempo inició su privatización. Es sabido que en el actual modelo económico quien paga manda. Las cuatro farmas que más contribuyen a financiar la OMS son GlaxoSmithKline (GSK), Novartis, Sanofi Pasteur y Merck, por cierto que son los principales fabricantes de vacunas.
En total, 90 millones de dólares en donaciones de las grandes
farmacéuticas. Se da así un extraño juego de intereses. Supongamos que
hay una pandemia, una por algún coronavirus que por ejemplo provoque
Covid-19. Vale, ya lo estamos padeciendo y por primera vez en la
historia de la humanidad el mundo está totalmente parado. Ansiamos una vacuna que además de necesaria, sea efectiva y también segura,
claro. Bien, no hay que preocuparse (¿o sí?), GSK -y ni se sabe cuántos
laboratorios hoy en el mundo- están en ello. Lo hacen además ayudados
por los estados, el remedio que buscan los investigadores de GlaxoSmithKline tiene apoyo económico del Reino Unido, país donde se afinca la compañía. La
situación no está para bromas ni especulaciones, urgen los remedios
válidos. Y como ya ocurrió con la pandemia que en este caso no fue, la
de gripe A de 2009-10, GSK y los demás laboratorios reciben unos mimos y cuidados que no se producen en situaciones normales. Una vacuna tarda en conseguir, haciendo las cosas bien, entre un año y
año y medio. La tentación de ahorrar tiempo es comprensible, la población tiene miedo a enfermar de Covid-19. No sabemos qué ocurrirá, está por ver quién conseguirá primero la
vacuna, cuántas será seguras y eficaces y qué otros tratamientos irán
apareciendo. Lo que sí sabemos es que el modelo de recortes y
privatizador puede producir efectos secundarios indeseables. Durante la no pandemia de gripe
citada, los grandes laboratorios vieron cómo las agencias e
instituciones reguladoras de medicamentos les eximían de cumplir
protocolos y fases de experimentación esenciales a la hora de ensayar
sus vacunas, inadmisibles en «tiempos de paz» (al parecer estamos en guerra contra un virus). Se forzó el acortamiento de plazos para conseguir lo más rápido
posible una vacuna, un tratamiento que previniese esa gripe que nos
decían que mataría a más de 100 millones de personas y
que por suerte luego no fue cierto. Y además, los estados aseguraron por
contrato a las farmacéuticas que si fruto de las prisas sus remedios
salían de aquella manera, mal, si provocaban graves efectos secundarios en la población, quedarían eximidas de responsabilizarse ante los tribunales de Justicia. Miedo -aunque infundado- de la población, prisas, ayudas económicas
de los organismos públicos y exenciones legales poco democráticas fueron
el cóctel que produjo, por ejemplo, la vacuna Pandemrix
de GlaxoSmithKline, la principal marca donante de la OMS sí. Y ¿qué
ocurrió? Que la Ciencia no entiende de prisas humanas ni comerciales y
algo falló. Pandemrix provocó, en personas sanas, sin gripe, que se la
pusieron multitud de cuadros de narcolepsia, una enfermedad del sistema nervioso. Fue, como publicó años más tarde, en 2018, el prestigioso Bristish Medical Journal (BMJ), una «catástrofe evitable». No sé si aprenderemos la lección, espero que no tengamos que lamentar
nuevas catástrofes evitables con el actual coronavirus pero las cosas
están haciéndose mal. Nuestra salud no puede dejarse en manos de organismos mundiales que gestionan pandemias subvencionados por los fabricantes de los principales remedios para esas pandemias. Hoy los presidentes de los gobiernos repiten en cada
intervención pública su esperanza en que «se encuentre una vacuna» para
el Covid-19. ¿Pero cuántos van a señalar y hacer algo por corregir el
fallo estructural, sistémico del que es rehén la humanidad hoy? ¿Cuántos
entenderán la importancia de tener industrias sanitarias públicas fuertes que atiendan (no sólo en tiempos de pandemia) las necesidades básicas de la población? ¿Para cuándo una OMS, si es que es posible «salvarla», INDEPENDIENTE
que coordine centros de investigación y desarrollo público de
tratamientos (o de validación de los existentes) ante posibles emergencias sanitarias?
Hay gente rara que piensa (ahora que todavía nos dejan aunque esté mal visto), que todo en la naturaleza cumple una misión y está ahí con un proposito. Al menos aquellas cosas que llevan muchos miles o millones de años existiendo, porque si no simplemente se extinguen.
Así no puedo entender la existencia de un ser que no se considera que esté vivo, no se sabe de donde procede pero que lleva, al menos en la tierra, millones de años, que no se sabe como se originó y cuya única meta es replicarse a sí mismo hasta el infinito, sin tampoco otra finalidad que esa.
Basicamente esta sería la descripción oficial de cualquier virus, añadiendo que en su infortunada existencia de autorreplicación, enferman y hasta matan a los seres que parasitan, pues solo pueden existir como parásitos de los seres vivos. Y en estas, aparcen herejes que ponen en duda la existencia absurda pero más que rentable de estos seres (que no lo son) y dan una explicación coherente con su origen, naturaleza y finalidad, más allá que justificar las millonarias investigaciones destinadas a combatirlos, (sin demasiado exito, por cierto). Video:1°entrevista al Dr. Stefan Lanka por Mark Pfister - ¿Cuáles Virus?
Esto es lo que decía el doctor Gervas hace unos años cuando se provocó la histeria de la gripe A, aquella que iba a costar millomes de muertos. (quizás solo trataban de tantear la credibilidad de la población para intaurar ahora esta comedia)
Video: JUAN GERVAS - LA EPIDEMIA DEL PÁNICO
Y a ver que dice hoy en día:
El miradorlas medidas drásticas son negativas por indiscriminadas
A juicio del autor, las medidas drásticas frente
al coronavirus (Covid-19) van a ser negativas por indiscriminadas y por
no responder a principios científicos pues, entre otros aspectos, ni se
ha demostrado que se haya incrementado el total de las muertes. Vamos
que, de acuerdo con el dicho popular, puede que sea peor el remedio que
la enfermedad.
Hasta el 13 de marzo la pandemia no había incrementado el número total de muertes
Para hacernos una idea: en China han muerto desde primeros de enero
hasta el 13 de marzo 3.179 personas con el nuevo coronavirus, en un país
en el que mueren 28.000 personas por día. En el mundo han muerto 5.065
personas, y cada día mueren en el mundo más de 1.000.000. En España, 84
muertes, en un país en el que a diario mueren 1.170 personas.
En otras palabras, hasta el 13 de marzo la pandemia no está
incrementando el número total de muertes. Hay las muertes esperables,
sin cambios en las tendencias. De hecho, en el Reino Unido (Inglaterra y
Gales) se ha podido demostrar incluso una disminución de las muertes,
totales y por causa respiratoria https://blogs.bmj.com/bmj/2020/03/11/carl-heneghan-assessing-mortality-during-the-covid-19-outbreak/
Hay que destacar que no se ofrecen datos de mortalidad por clase
social, pero hay que esperar que sean más los pobres los que perezcan,
pues los determinantes sociales pesan en la defensa individual y grupal.
Por ejemplo, las personas sin hogar suelen tener mala nutrición, y es
casi imposible que cumplan con normas higiénicas tan simples como el
lavado de manos https://www.theguardian.com/world/2020/mar/12/coronavirus-and-the-risk-to-the-homeless?CMP=share_btn_tw
La relativa mortalidad por coronavirus
La mortalidad es relativa pues depende de cómo se diagnostique la
enfermedad. Si se hacen pruebas diagnósticas a toda la población habrá
muchos pacientes que den positivo pero que no tengan síntomas, o con
molestias menores, tipo catarro común. Por ello la mortalidad será menor
respecto al total diagnosticado, y ese puede ser el caso de Corea del
Sur, con una mortalidad del 0,7%; su estrategia se ha basado en la
búsqueda activa de casos y su aislamiento voluntario, con puestos
públicos en la calle para facilitar las pruebas diagnósticas a toda la
población https://www.npr.org/sections/goatsandsoda/2020/03/13/815441078/south-koreas-drive-through-testing-for-coronavirus-is-fast-and-free?utm_source=twitter.com&utm_medium=social&utm_term=nprnews&utm_campaign=npr
Cuando aumentan mucho los casos en una región geográfica, puede ser
buen criterio decidir que no se precisa la prueba diagnóstica, que es
absurdo perder tiempo y dinero, y que se considera a todo paciente como
enfermo de coronavirus si tiene síntomas clásicos de infección
respiratoria. Pues bien, al seguir haciendo la prueba sólo a pacientes
ingresados en los hospitales es de esperar un aumento relativo de la
mortalidad ya que estos pacientes diagnosticados están ingresados por su
mayor gravedad. Es decir, habrá más muertos entre los diagnosticados
con certeza pues sólo se diagnostica a los que están gravemente
enfermos.
Por ejemplo, si en una determinada ciudad hay 1.000 casos
diagnosticados con la prueba del nuevo coronavirus, de los que se
ingresan 100 en los hospitales y 10 personas mueren por el mismo, la
mortalidad serán del 1% (10 de 1.000). Si en esa misma ciudad se hace la
prueba sólo a los pacientes ingresados, la mortalidad será del 10% (10
de 100)
En todo caso, la mortalidad puede variar según países sin saber las
causas, como se ha demostrado en los brotes del síndrome respiratorio de
Oriente Medio, provocado por otro coronavirus, MERS-CoV. La mortalidad
en Arabia Saudí ha sido el doble que en Corea del Sur (40 contra 20%) https://link.springer.com/article/10.1186/s12889-018-5484-8
Incluso con el nuevo coronavirus, Covid-19, y en la propia China, la
mortalidad en Hubei (región más afectada y primera) ha sido del 2,9% y
en el resto del país del 0,4%. Los datos son provisionales y muchas
veces cambiantes https://www.latimes.com/science/story/2020-03-07/why-the-coronavirus-fatality-rate-keeps-changing
Por último, hay que tener en cuenta la infección habitual por
coronavirus “comunes”. En el 25% de los casos la infección no produce
ningún síntoma, pero todos los inviernos, por ejemplo, los coronavirus
229E y OC43 (HCoV-229R y HCoV-OC43) producen hasta el 30% de los cuadros
catarrales-gripales comunes, algunos de los cuales se complican y
ocasionalmente se asocian a neumonías, hospitalizaciones y muertes.
Incluso en los picos de epidemia gripal muchos ancianos ingresados en
hospitales y/o muertos tienen con mayor frecuencia infección por virus
como coronavirus que por virus de la gripe propiamente dichos. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3805243/ https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6154147/ https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4281811/ https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6038767/
Las medidas para la contención de la pandemia se suelen
basar en modelos matemáticos, deslumbrantes y simples, pero carentes de
la menor fineza, como incluir información clave sobre costes de las
alternativas, efectos adversos en salud y otros datos fundamentales
El fracaso es global pues en dos meses el nuevo coronavirus ha
llegado hasta el último confín del mundo y el pánico se ha adueñado de
“autoridades” y poblaciones. ¿De qué sirvió anular los vuelos a y desde
China, por ejemplo?
En lugar de reconocer el fracaso, la respuesta habitual es más de lo
mismo, con la idea de “hemos fallado por no haber tomado medidas
drásticas desde el principio”. Sirve de acicate, además, el éxito de
China, que está conteniendo la pandemia en su territorio. Se atribuye,
sin más, causalidad a dichas medidas, cuando lo científico es atribuir
asociación. Es decir, no se piensa que haya una simple asociación entre
las medidas y la evolución de la pandemia, sino que se acepta que las
medidas chinas son la causa de la detención de la pandemia allí. Sin
embargo, cabe ver la evolución china de la pandemia como la habitual de
toda epidemia de virus respiratorios, como la gripe, que comienza,
alcanza un pico y regresa espontáneamente.
Las medidas para la contención de la pandemia se suelen basar en
modelos matemáticos, deslumbrantes y simples, pero carentes de la menor
fineza, como incluir información clave sobre costes de las alternativas,
efectos adversos en salud y otros datos fundamentales. Y ello tanto en
general, como en casos concretos, por ejemplo España https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-67362030567-5/fulltext?fbclid=IwAR3apqx1mUnG864ZVINig0yfZSgeHq7uwnyUcT1MDcoa67xO6_bPdbsaDmU https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.03.01.20029801v2.full.pdf
El brillo de las gráficas deslumbra y ciega ante los daños que
provocan esas medidas heroicas, justificadas siempre por “aplanar” la
curva de incidencia y facilitar la respuesta sanitaria al haber menos
casos agrupados en un pico epidémico. El problema es que el “aplanar”
hay que demostrarlo y también hay que demostrar la mejor respuesta
sanitaria por consecuencia. Hasta hoy es sólo teoría.
Los modelos matemáticos hay que verlos como los resultados de
estudios en ratones, que dan idea pero no permiten tomar decisiones.
En el Reino Unido, convencidos de que la pandemia es incontenible,
optan por no recurrir ni a distanciamiento social, ni a cuarentenas, ni a
cierres de escuelas. Atenderán los casos más graves, y confiarán en que
los leves adquieran inmunidad con una filosofia general de “aprender a
convivir con un virus nuevo que ha venido para quedarse” https://www.newscientist.com/article/2237385-why-is-the-uk-approach-to-coronavirus-so-different-to-other-countries/ https://elpais.com/sociedad/2020-03-13/la-estrategia-del-gobierno-de-johnson-contra-el-coronavirus-divide-a-la-comunidad-cientifica.html
Suecia sigue una política similar https://www.folkhalsomyndigheten.se/the-public-health-agency-of-sweden/communicable-disease-control/covid-19/
Otro buen ejemplo es de Corea del Sur, que está logrando contener la
pandemia sin las medidas brutales de China o Italia. Se basa en la
transparencia institucional y en la cooperación ciudadana, sin
cuarentenas obligatorias. Es un modelo a estudiar https://www.scmp.com/week-asia/health-environment/article/3075164/south-koreas-coronavirus-response-opposite-china-and
(En español, el caso de Corea del Sur https://www.eldiario.es/sociedad/Corea-Sur-frenar-coronavirus-semana_0_1006149696.html)
Los daños de las “medidas drásticas”
¿Qué salud aporta recluirse en una casa donde hay
violencia, donde hay cortes de luz, donde hay un desahucio anunciado,
donde hay pobreza, donde falta comida,…?
Para contener la pandemia se toman medidas extraordinarias, como
poner en cuarentena forzada a un país entero e interrumpir toda la
actividad industrial y comercial, incluyendo el cese de las actividades
escolares en todos sus niveles.
Estas medidas no llevan consideraciones acerca de su impacto
diferencial según clase social y situación de marginación y responden a
una mentalidad burguesa que, por ejemplo, pide la reclusión en casa como
si todo el mundo tuviera casa, y todas las casas fueran confortables.
Por ejemplo, ¿qué salud aporta recluirse en una casa donde hay
violencia, donde hay cortes de luz, donde hay un desahucio anunciado,
donde hay pobreza, donde falta comida,…? ¡Qué ironía obligar a
permanecer en casa a quienes no la tienen, o quienes ya de por sí no
pueden salir nunca porque tienen enfermedades limitantes y no hay
ascensor, o quienes viven en soledad y con penurias inenarrables!
La consecuencia de muchas “medidas drásticas” es el desempleo para
los trabajadores precarios y la quiebra para las pequeñas empresas.
Todo ello afectará más intensamente a quienes están en la
marginación, quienes viven en la pobreza y quienes dependen de un hilo
para supervivir. Las medidas drásticas afectarán especialmente a las
mujeres, que ya son el grueso de profesionales sanitarios (70%) que se
enfrentan al sufrimiento y a las muertes, pero también a trabajadoras
precarias como camareras, kellys y limpiadoras, cuidadoras “formales e
informales”, las cobradoras y cajeras en tiendas y supermercados, etc.
El saldo final de las “medidas drásticas” será el incremento de la
desigualdad y de la pobreza, y ambos problemas contribuyen fuertemente a
incrementar la mortalidad http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/Jordi-Roca_Therborn_La-desigualdad-mata.pdf https://www.independent.co.uk/voices/coronavirus-deaths-trump-stock-market-pandemic-economy-bankrupt-italy-a9394891.html https://elpais.com/elpais/2017/01/31/ciencia/1485861765_197759.html
En otro ejemplo, Getafe (Madrid, España), muchas escuelas clausuradas
enseñan a niños de familias que están en riesgo de exclusión social.
¿Quién puede pensar en que utilizarán Internet y participarán en clases a
distancia? ¡Pero si el problema es comer! Toman medidas “drásticas”
pensando en ricos https://www.eldiario.es/sociedad/coronavirus-impactan-extraordinarias-familias-vulnerables_0_1004750520.html
Toman medidas “drásticas” pensando en ricos
Las “medidas drásticas” se piensan según efectividad pero ¿para
cuándo la equidad en las “medidas drásticas? ¿Para cuándo la
solidaridad? ¿Cuándo informarán del previsible impacto, en beneficios y
en daños, para poblaciones ricas y pobres? Ni se les pasa por la cabeza,
viven en la riqueza.
Pero justo ahora sería el momento de, por ejemplo, introducir una
renta básica personal que dé a cada residente del país una modesta
retribución mensual sin condiciones, como derecho para poder supervivir a
la crisis económica que se avecina https://elpais.com/elpais/2020/03/11/opinion/1583929510_196303.html
Hay que hablar de “Dictadura de la salud” y de “Populismo
epidemiológico”, en que todo se excusa por la salud y el fin justifica
los medios.
Ante la pandemia son dos los objetivos: 1/ disminuir las muertes y 2/
mantener la sociedad. Con las medidas drásticas no se cumplen ninguno
de los dos, y se potencian reacciones destructoras de la convivencia,
como el racismo contra lo asiático y lo gitano, y el pánico en general,
por ejemplo https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31328/coronavirus-racismo-gitanos-haro-rromani-pativ.htm https://paipaimag.com/la-enfermedad-que-legitima-el-racismo-una-leccion-no-aprendida/ https://www.project-syndicate.org/commentary/greater-risk-literacy-can-reduce-coronavirus-fear-by-gerd-gigerenzer-2020-03 https://www.20minutos.es/noticia/4183252/0/compras-masivas-tras-el-panico-por-el-coronavirus-por-que-el-papel-higienico-es-el-producto-mas-demandado/
Estas medidas drásticas indiscriminadas de 2020 están en la senda de
los recortes inmisericordes que han debilitado al sistema sanitario
público, ahora tan necesario. Conviene que profesionales, pacientes y
comunidades recuerden quiénes han destruido a conciencia dicho sistema
sanitario, con sus respuestas indiscriminadas sustentadas en 2010 con el
“Haré lo que tenga que hacer, me cueste lo que me cueste” y ahondadas
en 2012 y hasta la actualidad con politicas de recortes brutales en
sanidad y educación, y la complementaria privatización de servicios
básicos.
Se podría aprovechar para no sólo felicitar a profesionales del
sistema sanitario por su resiliencia ante el reto del sufrimiento
provocado por la pandemia, sino también para ser valientes y tomar
medidas “drásticas” tipo inyectar de un día para otro los 10.000
millones de euros que se “rebajaron” entre 2010 y 2013. Hay que evitar
el colapso del sistema sanitario, y no se logra ni con buenas palabras,
ni con aplausos, ni con cantos, por bienvenidos que sean.
Síntesis
Las medidas contra el coronavirus (Covid-19) están siendo tan
drásticas que pueden provocar más daño del que eviten. Además, muchas
carecen de fundamento científico y expresan una concepción burguesa de
la sociedad que expulsa cada vez más, y a más al margen, a gran parte de
la población. Las medidas drásticas contra la pandemia del nuevo
coronavirus, Covid-19, darán pie al incremento de la pobreza y de la
desigualdad, con el consiguiente impacto en sufrimiento y muertes.
¿Qué hacer? #Covid19
Las respuestas políticas están llevando a un mundo con fronteras cada
vez más rígidas, con medidas cada vez más “drásticas”, como si no
importara el futuro de estas generaciones ni el de las siguientes. Las
naciones parecen estar prefiriendo el aislamiento, el sálvese quien
pueda y finalmente el suicidio colectivo (primero el de los pobres,
claro). La ética está en caida libre, literalmente https://www.thehastingscenter.org/covid-19-and-the-global-ethics-freefall/
Es la “Regla del Rescate” en su expresión máxima (por evitar el mal
presente provocar el mal total futuro). ¡Sálvese quien pueda! Esa Regla
es comprensible ante los féretros, o ante las UCIs llenas pero no es
comprensible en políticos que tienen que pensar en las generaciones
presentes y sobre todo en las futuras https://jme.bmj.com/content/34/7/54016
Si decidimos saltar del precipicio, necesitamos algunos datos para
informarnos sobre la razón de tal acción y las posibilidades de
aterrizar en un lugar seguro” https://www.statnews.com/2020/03/17/a-fiasco-in-the-making-as-the-coronavirus-pandemic-takes-hold-we-are-making-decisions-without-reliable-data/
En sentido positivo, ¿qué hacer?
1.-Tranquilidad y actuar como en todas
las epidemias de virus respiratorios (buena higiene personal y de
hogares-zonas de trabajo, lavado meticuloso de manos, evitar
aglomeraciones y especialmente lugares como hospitales y centros de
salud, buena alimentación y evitar métodos físicos y farmacológicos
contra la fiebre). Disminuir las situaciones inevitables de
hacinamiento; por ejemplo, “aclarar” con medidas varias como “permisos” y
traslados, residencias de ancianos, prisiones, centros de menores,
centros de internamiento de extranjeros y otros lugares de convivencia
estrecha de grupos humanos.
2.- Conservar a todos los enfermos que se pueda en casa, en cuarentena
voluntaria, atendidos por sus propios profesionales de atención primaria
(también fuera del “horario laboral”, noches y festivos incluidos). Es
clave atender en casa a quienes no precisan el hospital, porque su
enfermedad es leve o puede ser tratada en domicilio (por ejemplo, muchas
neumonías) o porque son tan graves que acabarán inevitablemente en
muerte. Intentar la formulación de voluntades anticipadas para que
podamos saber de todo el mundo qué condiciones prefiere en caso de
desenlace fatal, especialmente si quiere morir en casa.
3.- Medidas extremas de higiene en profesionales, tanto en domicilio
como con pacientes hospitalizados y en los propios pacientes.
4.- Aceptar (sociedad y profesionales) que muchas muertes por Covid-19
no son evitables, que el virus cambia la causa de la muerte, que hay que
evitar el “encarnizamiento terapéutico” pues es mala medicina, sin
ética (hay un tiempo para morir, para lograr morir en paz, para
acompañar la agonía y para dejar en paz a los moribundos).
5.- Inyectar dinero en el sistema público para que no colapse y
6.- Eliminar el estado de alarma y las cuarentenas forzadas de millones
de personas e introducir medidas anti-pánico, como a/ participación
popular en las decisiones, b/ decisiones que incluyan siempre costes y
valoración de daños evitados y provocados, c/ comités de éticas amplios
(que incluyan por ejemplo filósofos y cajeras de supermercados) que
valoren las medidas, d/ transparencia e información (no sólo número de
casos sino también hospitalizaciones y muertes, por grupos de edad,
sexo, clase social, enfermedades y consumo de medicamentos para estas
enfermedades), e/ fomentos de redes de solidaridad y f/ introducir
equidad en todas las medidas de forma que se considere siempre el
impacto en todos los grupos de población, también los que están
marginados y los más frágiles.
Los medios de comunicación mundiales, de forma totalmente libre e independiente están dando una cobertura ejemplar a la pandemia mundial que estamos sufriendo desde el primer minuto en que se desató. Pero existe un 33% de probabilidades de que al menos 33 de ellos estén influenciados en 3 de cada 3 noticias que muestran a más de 33 millones de espectadores.
La
OMS y los CDC vuelven a orquestar una falsa pandemia que está sirviendo
de excusa para la declaración de un Estado de Sitio sanitario que se
extiende poco a poco por el planeta.
Para quien aún no lo sepa, la OMS hace mucho tiempo que dejó de ser una organización pública e independiente.
En estos momentos solo el 18% de su presupuesto procede de los estados
miembros, el resto viene de manos privadas, y a la cabeza está la
Fundación Bill y Melinda Gates, la Alianza GAVI creada por Gates para
promocionar las vacunas y la industria farmacéutica.
En
cuanto a los CDC, siglas de Centros para el Control de Enfermedades, se
trata de una de las más poderosas agencias sanitarias de Estados Unidos
que define las enfermedades y establece los criterios de diagnóstico,
tratamiento y prevención. Los CDC tienen un
largo historial de manipulación y creación de falsas epidemias,
incluyendo el SIDA, el SARS, la Gripe A, el MERS, la Gripe Aviar, el
Ébola o el Zika entre otras. A través de una división especial,
el Servicio de Inteligencia de Epidemias, extienden su influencia a
entidades públicas y privadas, estadounidenses e internacionales,
imponiendo sus criterios que a su vez están condicionados por la
industria mediante financiación y puertas giratorias.
Algunos
piensan que estas falsas pandemias se montan por dinero. Y otros creen
que es eso lo que los críticos denunciamos y consideran que es un
disparate. Llevo treinta años analizando estos mecanismos de poder, y mi
experiencia y lo aprendido me dice que el dinero es sin duda un motivo,
pero no el único ni el más relevante. Y en esta ocasión se está
haciendo más evidente: un objetivo básico
es reforzar el miedo, que debilita y dificulta la capacidad crítica y
empuja a actuar como una masa ignorante y obediente. Y en conexión con
ello: mantener los dogmas de la medicina moderna industrial, la
dependencia de los fármacos y vacunas, pero sobre todo, la renuncia a
decidir sobre nuestra salud y la de nuestros hijos.
Es
por eso que uno de los dogmas más importantes y que van a luchar para
mantener a toda costa y reforzar cada vez que sospechen que se pone en
duda es la teoría microbiana o teoría de la infección, es decir, la idea propuesta por Pasteur eimpuesta con
la complicidad de la industria farmacéutica de que los microbios son
patógenos, generadores de enfermedad. Esta idea, grabada a fuego en la
mente de público y profesionales, es la base para el miedo a
contagiarse, para evadir la responsabilidad sobre nuestra salud y para
beneficiar a la industria. Reconocer el origen tóxico de enfermedades
tendría graves consecuencias para la industria alimentaria, farmacéutica
y todas las industrias contaminantes en general, mientras que atribuir
la culpa a los microbios ha conseguido que los fabricantes de tóxicos,
para exterminarlos, y vacunas, para prevenirlos, se conviertan en una de
las industrias más poderosas del mundo. Y ello a pesar de que la nueva
biología lleva décadas explicando que las
bacterias y los virus son la clave del origen de la vida, de su
mantenimiento y de la salud, formando una compleja comunidad en nuestro
medio interno, e incluso integrados en nuestra información genética.
Todo
indica que los síntomas atribuidos a esa nueva misteriosa enfermedad
son, en la inmensa mayoría de los casos, los mismos que gripes o
neumonías y otros problemas respiratorios provocados por la brutal contaminación en algunas zonas —como la propia Wuhan—, el
despliegue de redes 5G, enfermedades ya conocidas pero etiquetadas
ahora de otro modo, y por supuesto los efectos de la campaña de terror,
el aislamiento y los tratamientos más o menos experimentales que se
están administrando.
En
cuanto al supuesto nuevo coronavirus, si alguien quiere demostrar que
existe debe presentar pruebas rigurosas de su aislamiento, algo que
igualmente debe presentar quien crea que se trata de un virus creado en
laboratorio o modificado para convertirlo en un arma biológica. De
momento, nadie ha presentado tales pruebas. El artículo que oficialmente
se presenta como primer aislamiento del nuevo coronavirus llevado a
cabo por un equipo chino de los CDC en China, no describe, según dos
especialistas cualificados e independientes, un aislamiento real.
Que no se haya aislado el nuevo coronavirus supone en primer lugar que no se han podido diseñar pruebas de diagnóstico específicas, y que por tanto los positivos son falsos positivos.
Y lo mismo puede decirse de tratamientos o vacunas, y de las cifras que
se están manejando. Lo que en última instancia supone es que las medidas decretadas recortando derechos y libertades fundamentales,
especialmente las medidas de reclusión y aislamiento, pueden ser, y de
hecho algunos médicos y científicos así lo están advirtiendo, totalmente contraproducentes y causantes de problemas de salud físicos, psíquicos y emocionales.
Ante esta mega (y maga) operación psicologica de control total de la humanidad que estamos sufriendo, los psicólogos de a pié se encuentran tan desbordados como el resto de ciudadanos, porque también lo son y están inmersos en la misma sociedad enferma y decadente que el resto de nosotros. Extracto de la página de un psicólogo:
Además, las últimas corrientes de psicología positiva –esas que
inundan las redes y que han copado la divulgación en psicología de las
últimas décadas a base de libros de letra gorda y portadas coloridas–
han creado una imagen distorsionada de los psicólogos, donde se nos pinta como gurús hipersensibles,
expertos en la vida, en la felicidad y el bienestar. Pero, por
supuesto, no lo somos. No somos seres especiales que transmitimos paz y
tranquilidad solo con nuestras palabras. No somos expertos en la
cotidianidad humana, ni en los resquicios de la vida de todas y cada una
de las personas que nos rodean. No somos guías espirituales a los que recurrir cuando la vida se vacía o pierde sentido.
Como decía, la psicología positiva y la autoayuda de los últimos años, con la inestimable compañía del neoliberalismo que lo mercantiliza todo, ha psicologizado
cada rincón de nuestra existencia. Ha convertido en trastornos, en
problemas, aspectos del día a día que corresponden a la realidad
material de nuestra sociedad, o al funcionamiento normal de nuestra
psique. Los psicólogos nos hemos convertido en la herramienta multiusos a la que recurrir frente a una multitud de eventos vitales:
malos resultados académicos, rupturas de pareja, pérdida del empleo,
fallecimiento de seres queridos, desahucios, crisis sanitarias…
Sería recomendable tanto a ellos como al resto, acudir a la lectura y estudio de tratados sobre sociología, control de masas y guerra psicológica, para entender mejor la situación que estamos sufriendo. También ayudaría bastante el conocimiento y reflexión sobre economía internacional.